Otro cuento de fin de año

Como cada medianoche del 31 de diciembre, la vecina número uno salió a caminar por la cuadra con su maleta. La vecina número dos salió justo detrás de ella haciendo lo mismo, pero cuando la reconoció partió en dirección opuesta. No lo hizo de mala gente, la otra habría hecho lo mismo.

Durante los cinco años que vivían una al lado de la otra practicaban ese ritual de las maletas para asegurarse un viaje en el año nuevo, pero que supieran, ninguna de las dos había viajado en todo ese tiempo. Tal vez por eso no querían cruzarse, porque nadie quiere conversar de sus fracasos con alguien igual de fracasado.

Aparte eran muy tímidas. Y no es que eso sea del todo relevante, pero uno se pone a pensar: si se hubieran hecho amigas, teniendo las mismas ganas de viajar, ¿no habrían viajado juntas ya?

Durante los cinco años que vivían una al lado de la otra, y que yo vivía al frente observándolo todo, ya lo había pensado. Así que cuando la vecina número dos partió en dirección opuesta a la vecina número uno puse en marcha mi estrategia.

Si la vecina número uno estaba andando muy rápido, yo reventaba un cohetecillo a media cuadra delante de ella para que eso la hiciera detenerse, y si la vecina número dos andaba muy lento reventaba uno justo detrás de ella para hacerla correr. Así igualaría sus ritmos de caminata y lograría el encuentro. No se sorprendan por mi habilidad.

findeano

Finalmente  con pasos calculados –aunque ellas no lo supieran- coincidieron frente a frente y no tuvieron más remedio que saludarse. Hola con la mano, una. Hola con la mano, la otra. Entonces las rodeé de pólvora para que no pudieran alejarse y notaran que justo a sus pies había un sobre. Al abrirlo encontraron dos pasajes en avión con sus nombres y con números de asiento continuos.

¿Por qué estaban ahí sus nombres? ¿Qué clase de truco era ese? ¿Cómo pasó? No lo sabían ni se lo preguntaban, pero ya que tenían las maletas hechas partieron cuanto antes y en unas horas ya estaban en otro lugar y en otro año. Se alojaron felices con mucho por hablar en una habitación con dos camas, una al lado de la otra, y en la habitación del frente, con una sola cama, me quedé yo.


Todas las historias e ilustraciones son propias. Mira este y más dibujitos en la galería.
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