Los niños de negro

Había llegado a los oídos de una profesora la noticia de que “los niños de negro” seguían trabajando. Se trataba de un grupo de niños que secuestraban a los padres de otros niños para luego darlos en adopción. No sabía mucho al respecto porque hacía muchos años que no oía sobre eso, e incluso nunca se comprobó que fuera cierto. Era una de esas cosas que te dice el amigo del amigo de un amigo, y como nunca te pasa, solo te quedas con una buena historia. Pero ahora sus alumnos lo comentaban en el colegio durante el recreo y ella no podía hacer otra cosa que escuchar.

Decían que para iniciar su trabajo solo hacía falta que un hijo o hija deseara en voz alta no tener a los padres que tenía. Los niños de negro escuchaban esta petición a través de un micrófono colocado previamente y esa misma noche entraban sigilosamente a la casa y sacaban a los padres dormidos. Al despertar no sabían cómo habían llegado a lo que parecía ser un almacén. Y eso era, en efecto, un almacén de madres y padres secuestrados. Estaban de pie ordenados en filas detrás de mamparas. Entre ellos se miraban y preguntaban: ¿oye, cómo pasó…? Y la otra persona negaba con la cabeza antes de haberse terminado la pregunta.

niñosdenegro

La profesora inhaló con intensidad por el miedo que sintió al escuchar aquello. Uno de sus alumnos se dio cuenta y le preguntó si estaba bien. Sí, dijo ella, solo que de pronto pensó que lo había vivido.

No puede ser, le explicó el chico, porque después de secuestrarlos, los niños de negro les lavan el cerebro a los padres para que olviden a su hijo anterior y recuerden al nuevo como si siempre hubiera sido suyo. Es un sistema bastante avanzado.  Así que usted, profesora, aunque fuera adoptada, no lo recordaría.

Claro, dijo ella, y se alejó caminando. Pensaba en esos niños que perdieron a sus padres sin la posibilidad de recuperarlos por un deseo que no era cierto realmente. ¿Qué sería de ellos?

No se quedó a escuchar que los niños que adoptan padres tienen la obligación de contarles la verdad y les dan la opción de buscar a sus verdaderos hijos si así lo quieren. Habrán pasado muchos años, pero tal vez se pueda lograr. Todo eso recién lo sabría cuando terminaran las clases y fuera a casa. Su hijo le ofrecería asiento y le diría, mamá, tengo algo que decirte.


Todas las historias e ilustraciones son propias. Mira este y más dibujitos en la galería.
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